DANZA | Crítica sobre «Cão sem plumas»

Una realidad cubierta de barro

Crítica sobre «Cão sem plumas» de Deborah Colker 

Escrita por Sofía Sartorio 

La sala desbordada. Miles de espectadores esperando la creación de la tan reconocida Deborah Colker con un nivel de producción casi inimaginable para el Uruguay. «Cão sem plumas» presentada el 14 de agosto en la sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional del Sodre deja un exquisito diálogo entre distintos lenguajes artísticos: la danza, el cine, la poesía y la actualidad.

 

 

La poesía de João Cabral como inspiración hace que la coreógrafa articule la danza con una pequeña película audiovisual proyectada durante toda la obra. Que es fuerte, si lo es, que es impactante si lo es, pero sobre todo nos enseña que la creatividad no tiene límites, la realidad desigual de Recife puesta en escena crea una experiencia estética única.
Se podría decir que «Cão sem plumas», o perro sin plumas es una especie de ballet contemporáneo. Por ballet hablamos de código establecido, por su perfección en la técnica, por ser una coreografía sin fin, por tener un cuerpo de baile en donde el error no puede existir, porque en la masa de perfección coreográfica cuesta distinguir los cuerpos al ser todos homogéneos, por presentar deconstrucciones de pas de deux y de estructura de actos.

La obra presenta una paradoja, ya que juega entre la perfección y la emoción visceral. Por una parte, la pantalla proyecta imágenes muy impactantes, con paisajes asombrosos y una realidad dolorosa que logra emocionar. Pero por otro, los cuerpos presentan coreografías tan sincrónicas con un manejo elevadísimo de la técnica, sin dar lugar al error y esto se aleja un poco de lo humano, de lo sensible. Por esta causa la obra impresiona constantemente con sus escenas.

La película creada por Déborah y el director pernanbuco Cláudio Assis, presenta una temática exclusivamente brasilera. Las imágenes hacen alusión a la pobreza de la población ribereña y la vida en el manglar en contrapartida con la vida en la ciudad.
Los 14 bailarines se encuentran cubiertos de barro, cuerpos manchados de pobreza, de abuso social y político, de una realidad impactante, haciendo una alusión también a los paisajes que el poema describe. Hay tantos animales como bailarines presentes en escena, un trabajo corporal sobre la especie, refleja cangrejos y garzas animales que tienen su hábitat en el manglar. La escenografía por su parte nos desafía a pensar y a sentir el diálogo con las imágenes, caen cañas de azúcar del techo, raíces y árboles del monte del río y la favela en escena. Los bailarines parecen bichos de ciudad entrando y saliendo por las estructuras de hierro como si ese también fuera su hábitat.

Deborah crea una coreografía sin fin, no hay pausas solo hay una constancia de movimiento definido. Una calidad de movimiento fuerte, con una velocidad elevada es transitada por los cuerpos resistentes, precisos pero sutiles evocando constantemente imágenes de la realidad. Cada escena presenta una coreografía distinta desde dúos, tríos, hasta todo el cuerpo de baile en escena jugando mucho con la acrobacia un manejo del suelo increíble. La evocación animal se da constantemente, las garzas utilizan como herramientas las puntas de ballet para transmitir esa delicadeza y belleza particular. Estos animales presentan espaldas muy flexibles, una linealidad y un eje que generan profundidad y altura, reflejando a la élite de Capibaribe.

La información escénica es tanta que el espectador puede llegar a agotarse, las pausas en lo coreográfico son muy pocas y la película es continua. Por lo tanto, por momentos resulta imposible captar en su totalidad la experiencia, por momentos la danza lucha contra la película, por momentos las imágenes son tan fuertes que la danza resulta innecesaria.
Sin embargo, Deborah una vez más realiza una puesta en escena impactante, una obra incomparable con las producciones de país, una invitación al profesionalismo, a la creatividad y a la sensibilidad.

Dividido en 8 escenas, según la autora: Aluvión, Río ribereño, Cangrejo, La plantación de caña de azúcar, Río perro, Manglar, Garzas y Ciudad la obra nos deja una experiencia estética única, compleja y repleta de reflexiones. Cuerpos atravesados por la política, la actualidad, la estética y lo profundo del ser humano.

Fotografías: Auditorio Nacional del Sodre

 

 

 

 

 

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